Costa Rica tiene un problema existencial, por eso su larga toma de decisiones en cuanto al CAFTA / TLC. El TLC para mi es como un tren al cual nos han invitado a subirnos.
Hay muchas incógnitas: primero, no sabemos para dónde va el tren; segundo, no sabemos cuánto nos va a costar el pasaje; tercero, no sabemos que nos va a tocar hacer una vez montados dentro del tren (¿servir mesas?, ¿limpiar baños?) o si vamos a ir sentados en primera clase, segunda clase o en el kabuz.
Lo que sí sé es que si no nos subimos al tren, entonces el tren nos va a pasar por encima.
El TLC no es ni bueno ni malo. Como cualquier cosa en la vida, es solo un instrumento más. Si el TLC consiste de mil elementos, ¿será malo solo por 200 elementos dañinos para Costa Rica pero beneficioso en 800? ¿O será bueno por 200 elementos buenisímos para CR y dáñino en 800? Lo sabremos dentro de cien años.
El mundo ha cambiado, y para Costa Rica ese cambio la afectará mucho con o sin TLC. La entrada al mercado de China y la India (más de 2,300 millones de personas)implica que mis hijos tendrán que trabajar el doble o tal vez el triple, pero que tendrán que ganar la mitad de lo que su padre gana. La balanza está equilibrandose hacia los que menos tienen en este momento. Los chinos y los indios se están muriendo de hambre y pueden hacer lo mismo que nosotros por un salario más bajo a lo que estamos acostumbrados los latinoamericanos, y en especial los costarricenses.
La respuesta a esta disyuntiva es la educación. Ya no basta la educación secundaria, sino que tenemos que estudiar más, tener títulos universitarios especializados con postgrados, e impulsar a toda la población en ir en esta dirección. Lo malo es que estamos despertando de esto con 30 años de retraso.
lunes, 15 de enero de 2007
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